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El Lenguaje de los Niños y las Niñas


¡Hola! Gracias por acompañarme una vez más a este blog. Ahora quiero compartir con ustedes parte del proceso de sensibilización que he tenido durante mi etapa del embarazo, así como gracias a la clases de regularización infantil que he impartido.

Ambos me han ayudado para entender mejor a los niños y niñas, además de aprender a hablar su lenguaje. Así es: hablar su lenguaje.


La primera vez que leí el libro de El Principito, de Antoine De Saint- Exupéry, lloré. Pero no porque sea una lectura triste, sino porque me di cuenta de que efectivamente, adultos y niños no hablamos el mismo lenguaje, no vemos el mundo igual, y por ende, tampoco nos entendemos. En aquella ocasión cuando leí el libro, no estaba en etapa de gestación ni daba clases de regularización, pero aún así, pude percatarme de esta brecha, misma que también es la causante de que no nos entendamos por completo.


El libro, pese a ser escrito por un adulto, detalla muy bien estas diferencias; y ya una vez dando las clases con los niños, comprobé lo descrito en la obra.

En algunas ocasiones, tantos padres como madres y el profesorado en general, pueden renegar y quejarse de los infantes, diciendo que son "difíciles" , que tienen algún problema psicológico, alguna enfermedad o trastorno, etc, cuando en realidad, el único inconveniente es que ellos, los adultos, no saben escuchar ni se molestan en querer entender al menor.

A cada niño con el trates debes conocerlo, si bien es verdad que pueden compartir algunas generalidades con otros, lo cierto es , que cada uno tiene una personalidad e identidad propia, lo cual los vuelve únicos. El reto es reconocer esa identidad, a fin de comprender cómo hablarles, qué decirles, que no decirles, qué les gusta, qué no les gusta, y cómo negociar con ellos. Esto no implica que los adultos carecerán de autoridad con ellos, la autoriadad jamás debe perderse; sin embargo, cuando se conoce al individuo, no es necesaria la imposición pues sabes por donde llegarle, conoces sus gustos, cómo convencerlos, y eso es más fácil y duradero que la aplicación de la fuerza.


Eso es el ánimo de entender a la niñez. Y no, no a cualquiera le gusta, ni le interesa. No importa que sean pedagogos, docentes con preparación en educación infantil, etc, si más allá de la academia, no tiene un interés auténtico y genuino de generar empatía con el niño y la niña, los conocimientos que tengan serán transmitidos de manera superficial, en vez de convertirse en los nutrientes que ayuden al proceso cognitivo en el desarrollo del menor.


Antes de educar a un niño o a una niña: conócelo y entiéndelo.




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